Capítulo 1: 11 – 17 Mayo – Alfred – 20 Park Avenue, Manhattan.

Hola, ¡que bien verte de nuevo! Debes estar leyéndome por uno de estos dos posibles motivos: o bien has estado esperando impacientemente a que publicara el capítulo 1 desde que leíste la introducción a este proyecto hace unos días, o bien ha aparecido esto por casualidad en tu Facebook y no tienes ni idea de lo que hablo. En este caso, te explico rápidamente; esto forma parte del comienzo de una historia que quiero contar. Una historia sobre mi vida este verano en Nueva York, y este desorden palabras explican cómo fue la primera semana en esta ciudad.

¡Empecemos, pues! A primera vista, lo que hice, vivir únicamente hospedándome a través de la página web couchsurfing durante 12 semanas enteras, puede parecer una locura. Pues sí, lo fue; pero se trató de una locura organizada. Detrás de algo así tiene que haber un plan, un esqueleto que guíe mis pasos; sino hubiese acabado prácticamente a la deriva todos los días. Por ese motivo, antes de que tocara suelo neoyorquino, cree una especie de manual de instrucciones que quiero compartir contigo;

Lo primero que hice fue imprimir un calendario. Tenía que concentrar todo el resumen de mi verano en algo pequeño y portable, y la idea de usar “google calendar” para este tipo de viaje no me convencía. Soy de esas personas a las que se les acaba la batería del móvil en los momentos más indicados. Probablemente me haya pasado un 30% de mi vida buscando enchufes en los lugares más raros. Muy precavida para unas cosas, muy poco para otras. 

En fin, como iba diciendo, ha medida que una persona me aceptaba, la iba anotando en el calendario. Lo que hice para conseguir anfitriones fue escribir una descripción detallada de mi viaje y copiar y pegar el mismo mensaje a 456789 personas. Parafraseando les decía algo así: “Voy a estar en tu ciudad estos 4 meses, escoge la semana que te venga mejor para que duerma en tu sofá y me dices,” (un poco más decorado, tenía que parecer una chica simpática). Algunos me aceptaban la petición inmediatamente, otros me pedían alguna referencia. También había de esos que contestaban diciéndome: “Si, genial, yo te puedo acoger del 12 al 14 de julio,” por ejemplo. Mi reacción era algo como: ¿WTF? ¿Pretendes que me mueva por todo el metro de Nueva York de una punta a otra para instalarme sólo dos días? Al final te ajustas; por eso, aunque la idea era en un principio estar una semana en cada lugar, terminó siendo cinco días en una casa, dos en otra, luego de repente unos veinte en una… Pero la cuestión es que acabé completando todo el calendario a tiempo, ¡que era lo importante!
Si la idea era llevar conmigo toda la información condensada en esa hoja de papel tenía que economizar mucho el lenguaje para que me cupiera, así que decidí crear una nomenclatura especifica. Cada nueva casa comenzaba con algo así: “M 20’ – K719:00AAA” En primer lugar, M 20’ significaba que tardaba desde ese lugar hasta el trabajo veinte minutos en Metro. Mis primeras experiencias Couchsurfing fueron una pasada porque todas eran como “A 10”. Estaba viviendo por la zona de Midtown y llegar al trabajo me llevaba unos 10 minutos andando (¡de ahí la A!). Por cierto, ¡qué placer surcar las calles trajeadas de Nueva York a las 7:30 de la mañana, todo el mundo dando los buenos días a la ciudad mientras juega a zigzagear las famosas avenidas! Volviendo a la nomenclatura… En segundo lugar, esa “K” hacía referencia a “keys”, llaves. Sí, sí, eso también era importante dejarlo claro en el papel, porque hay personas que te acogen pero no te dan un duplicado de llaves, lo cual puede dar lugar a una verdadera pesadilla. Imaginemos que la persona vuelve de trabajar todos los días a las 10pm, mientras que yo salgo del mío a las 3pm. Pregunta: ¿Qué puñetas hago durante todo el día para hacer tiempo hasta las 10? Pues no sé; amortizar el asiento de un Starbucks, como explicaré más adelante, o sentarme en Union Square y ver a la gente moverse de un lado a otro como si de un partido de tenis de tratara, pin miro a la izquierda, pan miro a la derecha. Cuando ya me entraba un poco de tortículis a veces observaba a unos bad boys bailando rap o incluso a sectarios un poco más locos haciendo estas cosas raras…

IMG_2775

Finalmente, esas triples A ¿qué podrían significar? Bueno, si controlas de finanzas ya te puedes imaginar, sino te lo explico súper híper rápido. En el mundo financiero hay principalmente 3 organizaciones especializadas en evaluar el riesgo de crédito tanto del sector público como de compañías privadas. Con sus calificaciones (desde AAA, que está debuti – a C – estás muy podrido por dentro) dan una referencia al mercado sobre la probabilidad de que estas empresas no cumplan con sus obligaciones financieras. A mayor calificación, menor riesgo, pero menor rentabilidad. Si consideran que es chungo que una empresa devuelva un hipotético dinero que pida prestado, le van decir al mercado: “Eeeey colegas cuidado que aquí hay una alta posibilidad de impago,” y le pondrán una etiquetita “B” por ejemplo. Si al final tú, que eres la entidad “Lector S.A.”, quieres invertir en esa empresa con calificación “B”, sabrás que puedes exigirle una mayor rentabilidad por que asumes el riesgo de que probablemente te salga mal la jugada. Si te sale guay te forras, sino, la has cagado 😃.

No te quiero aburrir con todo este sermón financiero, pero es importante entenderlo porque es totalmente aplicable a mi experiencia Couchsurfing. Si estaba muy segura de que la persona que me iba a acoger era normal y corriente, le daba una AA o algo así, pero si yo misma era consciente del peligro que asumía al ir a una casa en medio de Harlem con la posibilidad de encontrar a un especimen rarito le ponía una CCC. Y tenía mucho sentido, porque si salía de esa casa “CCC” en condiciones, me llevaba una historia increíble para mi recuerdo (riesgo alto pero al final máximo rendimiento obtenido). Finalmente, me despido de esta explicación sobre mi lenguaje algebraico con un remarque final para los más fans de las finanzas. También tuve en placer de estar con auténticos bonos basura, al principio muy atractivo, todos aparentemente “triples A”, pero luego explotan y te echan de casa. Les daría no una C sino ZZZ. Ya hablaré más adelante de esto. Lo siento, te quedas con una intriga muy apetitosa. 

¡Ya es hora de que empiece a hablar de Alfred! Con él tuve mucha suerte, porque aparte de que su casa estaba ubicada en la mejor zona de todo Manhattan, era un “A15’ -K22:00AAA” ¡en toda regla! Es decir: llaves, ¡y prácticamente todo el día la casa para mí! Alfred había venido de Argentina, y desde entonces no se había movido de Nueva York. Trabajaba en un banco y en general, tenía una vida bastante exitosa. Siempre llegaba agotadísimo del trabajo, eso sí. Y luego para colmo, era de esas personas que estaba apuntada a todo tipo de maratones. Me contaba que en su casa pasaba poco tiempo: ducha, alguna comida take away en la mesa del salón y no mucho más. Desde el minuto uno, Alfred fue exageradamente amable conmigo. No lo entendía, pensaba: ¡Vaya chollo, estoy mejor que cualquier cliente de un Four Seasons! De todos modos, luego te das cuenta que eso no es tan cool, porque te acostumbras a vivir en una burbuja de comodidad que el resto del verano no siempre te ofrece.

Como bien indica el índice, Alfred fue mi primer destino couchsurfing en Nueva York. Aunque si nos ponemos quisquillosos, diría que antes de él hubo otra destino más express. No lo considero una estancia como tal, porque ni siquiera deshice las maletas. Couchsurfing representa el hecho de instalarse en una casa con todo lo que esto implica: conocer bien cada rincón; saberte de memoria las vistas que te invitan a ver las ventanas; reconocer la segunda noche el olor a esa almohada o cojín desconocido; llevar disimuladamente el neceser al baño; saber que tu luz favorita para por la noche no es la grande, sino esa lámpara que se esconde detrás de la cortina; apropiarte del stan de una librería de la casa para poner tus cosas, saber cual es el supermercado más cercano… 

Lo que pasó es lo siguiente. Mi vuelo a Nueva York era el día 10 de mayo, y en principio planeé pasar los primeros 3 días en una casa en la zona de Astoria (Queens). El chico que me iba a acoger parecía una persona amable, tenía millones de referencias de gente que le valoraba con 5 estrellas y eso, al fin y al cabo, le ponía en un pedestal. Ocurrió que salí de aeropuerto, me dirigí a la dirección que ese tipo me había enviado, pero al llegar el conserje me dijo que ahí no vivía esa persona. Primera reacción en la Big City: Sara con cara de sapo. Estaba lloviendo como nunca, iba con dos maletones enormes, y después de un vuelo en el que había dormido una hora por culpa de un bebe llorica, me decían eso. Llamé al chico y este me dijo que tenía varias casas y que le había parecido mejor idea que me quedara en una que le estaba alquilando a un amigo suyo. Yo pensé: bueno, supongo que gracias, pero, ¿por qué me molesto en analizar tu perfil 30 días antes si luego me vas a poner a vivir con uno cuyo nombre ni si quiera conozco?

Al final, por falta de alternativas, cogí el ascensor y subí al piso que me indicó. Me abrió la puerta su amigo turco, y Señor, qué raro todo. Realmente esta persona sólo le estaba pagando el alquiler de una habitación, y estaba viviendo la situación en la que una chica que no conocía de nada (A.k.a: yo) iba a vivir en esos metros cuadrados con él tres días más. Ojos como platos ambos. Ahí no acababan las sorpresas. Me dijo, “Deja ahí los zapatos.” Los dejé y vi que estaba todo lleno de tacones súper horteras. Todos brillantes, color rosa con purpurina. “En fin,” pensé, “sin darme cuenta he acabado en un prostíbulo.” Gracias a Dios eso sólo se quedó en mi imaginación. Lo de los zapatos en general era raro, pero lo pase por alto.

El turco me hizo un tour por toda la casa, y de ahí me puse a hablar un poco con él. Me contó que trabajaba para Snapchat, que dormía lo justo y que bla bla bla… Un poco soso, o como diría yo, ‘una persona seta’. Así los llamo, little mushrooms. El tema se volvió más misterioso cuando pregunté quién vivía en la casa. Era un apartamento muy lujoso, enorme y lleno de puertas. La expresión que mejor definía ese momento era “Aquí hay gato encerrado, Sara”. Después de intentar recabar información, me explicó que la persona que le alquilaba la casa tenía varios negocios, y uno de ellos era básicamente viajar a Rusia y reclutar a chicas guapas, prometiéndoles una vida en Nueva York, a cambio de que éstas trabajasen de imagen para él. Me dijo que muchas veces venían personas nuevas a esa casa y que él tampoco entendía muy bien cómo funcionaba todo, pero me subrayó que las chicas siempre estaban muy contentas y que no me tenía que preocupar por nada. – Oh, gracias, que alivio, me siento mucho mejor. Vamos a hacernos un té verde y a ver Heidi.

Unknown
Le dije que me quería despejar un poco, que iría a hablar por teléfono. Me fuí a salón y lo primero que hice fue llamar a Spencer. Por aquel entonces seguía con él. Le conocí en Chicago durante mi intercambio, y a pesar de que me dijera unas millones de veces que no le gustaba nada este viaje locura que iba a hacer, le iba a llamar ya la primera noche de “experiencia top couchsuring” llorando. Que irónico todo. Esta es la representación visual de mí esa noche. Me acuerdo como si fuera ayer cuando le pasé esta foto. 
 
Unknown-1

Después de hablar con Spencer, escribí a Alfred. Le conté lo ocurrido y me dijo que me fuera si quería ya con él a la mañana siguiente. Oh my God, menos mal. Mi aventura en esa casa terminó ahí. Recogí todo y rápidamente escapé de esas paredes llenas de secretos. 

Llegar a casa de Alfred fue un alivio. Fue como darme una segunda oportunidad. Venga Sara, ¡empezamos desde cero! ¡Uuuooooooo! La verdad es que luego no pasamos tanto tiempo juntos porque nuestros horarios eran muy diferentes. Hubo un día en el que fuimos a tomar unas cervezas y me lo pasé genial. Me reí mucho con él. Acabó invitándome a un viaje a Medellín que iba a hacer con amigos. Tuve que rechazar la propuesta, porque aparte de que ya me había saltado dos semanas de trabajo, la semana que se iban coincidía con que me venía a visitar Spencer 😃.

Imagino que la gente que está leyendo esto se preguntará… Novio y couchsurfing, ¿se caen bien? Pues no mucho, evidentemente. Pero tampoco fue un big deal. Hay una opinión muy generalizada de que esta página web es el mejor medio moderno para ligar. Se piensa que es una versión de Tinder 3.0, porque aparte de que llegas a conocer de verdad a la persona, si no te gusta, te toca aguantarla necesariamente. En Tinder dejas de contestar a los mensajes y listo. Aquí no. Además, si de por sí ya se ha vuelto muy famosa esta página por esto que digo, hay que tener en cuenta que estoy hablando de Nueva York, una ciudad donde se juntan dos variables muy importantes. 1. Turismo por un tubo y 2. Precios altísimos de alojamiento/airbnb. Vemos por tanto, que Couchsurfing se convierte para muchos en una alternativa muy interesante. 

De hecho, me gustaría explicar una historia un poco turbia que me contaron dos chicas que conocí en una barbacoa de Couchsurfing. Empezamos a hablar porque escucharon cómo le explicaba a una amigo que hasta entonces había sobrevivido en Nueva York así, con este plan, y ellas, muy intrigadas, se metieron en la conversación. Defendían que el fin de la página web se había pervertido con los años y que ahora ya no era lo de antes. Me contaron que cuando llegaron a la ciudad por primera vez fueron a casa de un chico que aceptó acogerlas esa misma noche. Dijeron que el chico abrió la puerta y que inmediatamente la cerró en sus caras. Era muy de madrugada y casi inviable ir a otro lugar, así que probaron a llamarle al telefonillo para pedirle una explicación. No les quedaba otra. Al final, el tipo les dijo: “No, sorry, don’t call again, you are too ugly even for a blowjob.” (Para todos aquellos que no sepan inglés, imaginaros una guarerría). Yo les expliqué que gente así hay en todas partes, pero que esta página web te hace estar más expuesta a encontrártelos. Es por ello que requiere un buen estudio previo del mercado couchsurfincista (olé, una nueva palabra), una muy buena organización y una pre disponibilidad a adaptarse a cambios muy muy muy inesperados. Tranquila mamá, que tu hija está un poco chalada pero sigue manteniendo la cabeza en su lugar. Te quiero jeje. No me mates cuando leas todo esto.

Sin embargo, y a pesar de conocer el riesgo de este tipo de experiencias, lo que me llevó a mí a usar esta forma de viaje no fue únicamente ahorrarme el coste de una residencia, que por supuesto, también influye, pero fue más las ganas de concentrar en un verano el hecho de vivir en todos los barrios de Nueva York. Desde Harlem hasta East Village o Clinton Hill. Una ciudad tan cosmopolita como ésta tiene gente de todo tipo, y no me quería quedar en las 4 personas que conocería en mis prácticas en el Consulado, ¡buscaba más emociones!

Como oposición a esta historia que me contaron las chicas, he de decir que Alfred es de las personas más respetuosas que me he cruzado. Tenía cero malas intenciones. El primer día, después de pasar el día juntos descubriendo la ciudad, llegamos a casa, y estando en el salón, me ofreció dormir o en el sofá o en una cama que también había ahí. Yo muy inocente pensé “anda pues cama, ¡más cómodo!” fPERO no caí en que esa también era… ¡su propia cama! Como ya quedaba raro corregir mi decisión, no dije nada. Me fui a dormir. Él a un lado, yo a otro. Ningún problema. Lo que quiero decir con esto es que desde el momento que me rescató de la casa de esas rusas tan enigmáticas hasta que me fui de la suya, fue una persona increíblemente amable. Éramos simplemente dos colegas; un Argentino y una Española compartiendo casa por unos días. Así de simple. Me acuerdo que aquella noche, a pesar de que estuviéramos K.O. después de todo un día duro, estuvimos hablando en la cama durante casi dos horas. Fue muy divertido, y de hecho creo recordar que me habló de algunos de sus ligues. 
Creo que ya es hora de poner fin a este capítulo. Como conclusión, diré que después de todo lo que he vivido durante las semanas que os estoy empezando a contar, siento que podría sacarme un doctorado en Antropología. Realmente esta experiencia ha sido estudiar al Ser Humano en sí; con sus manías, sus virtudes, sus subidas y bajadas, su forma de sentir, admirar, rechazar, perdonar, principalmente su forma de vivir. Único en cada especie. 

Capítulo 2 colegui.

2 comentarios en “Capítulo 1: 11 – 17 Mayo – Alfred – 20 Park Avenue, Manhattan.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s